Escritor – Valcheta

A la memoria de César Painemal, único combatiente de Malvinas oriundo de Valcheta

El 2 de Abril debe ser para todos los argentinos una jornada de reflexión y especialmente de homenaje a todos los combatientes de Malvinas, para aquellos que ofrendaron su vida en las aguas del Atlántico Sud y para los que descansan entre la turba en el suelo del cementerio de Darwin.

No hay ni habrá cenotafio o monumento que alcance para recordarlos. Cada día deben estar presentes en los tiempos de esta aburrida democracia donde su dirigencia se desgasta en luchas estériles y se empeñan tenazmente en agrandar una brecha que sin remedio nos separa. Queriendo dar trascendencia a sus pleitos sin grandeza, ausentes de toda reflexión madura lo cual solo puede conducir a una anarquía cada vez más manifiesta: facciones, dogmatismos, ocupación de la calle, estadísticas de terror, la educación paralizada y descalificaciones sistemáticas.

Hay que recordar que los muchachos de Malvinas contribuyeron con su gesta heroica a recuperar la democracia para todos los argentinos y ese debe ser el recuerdo y el homenaje permanente de su pueblo: ponerse de acuerdo de una vez por todas, dejar de hablar intrascendencias y trabajar por el bien común.

Cada ex combatiente debe ser una interpelación para cada uno de nosotros ¿Hemos aprendido de ellos? ¿Somos dignos de los que dejaron su vida en las frías aguas del océano sur? ¿Entendemos que el mejor homenaje no son las placas y los monumentos (que no están mal) sino una conducta de vida cívica y un amor a la Patria sin claudicaciones? Un pueblo que no aprende de su historia no es digno de vivir.

La pluma del poeta Ricardo Miro Valdez los dejó esculpidos en los versos emotivos que tituló: Malvinas Argentinas.

“Entre las explosiones y las balas/ arranques de valor eran tus gestos. Retabas a la muerte en los combates y te encontró la muerte combatiendo. Y de bruces caído para siempre/ y con los brazos de par en par abiertos/ parecías besar las islas nuestras/ que presentías se te estaban yendo. / Y así quedaste, gladiador quebrado, / sobre el erial del aterido predio/ con lágrimas de Dios en la llovizna/ con réquiem de clarines en el viento. No pudiste volver, como soñabas/ con un puñado del terruño nuestro/ pero lograste concretar la gloria/ de jalonarlo con tus propios huesos”.

“El filo desgastado de tu pala/ fue buril en las lomas y los cerros/ Allá quedó tu posición, marcando/ con tatuajes profundos los repechos. / tu fusil, al tirar, dejó su firma/ sobre el duro talud del parapeto, / los vados, con las huellas de tu paso/ que el frío congelo, tienen tu sello, / la tierra que sorbió tu sangre joven/ es de la raza de su propio dueño/ y avarienta retiene tus despojos/ reliquias frescas del fatal asedio. La nevadas platean tu descanso, / la quietud acompaña tu silencio, / pero la guerra sigue, camarada/ sin cañones, sin pólvora, sin término”. “Pues tu misión perdura bajo tierra/ más allá de las armas y del tiempo/ más allá de los íntimos crespones/ con que el dolor acuna sus recuerdos/ más allá de la pena de tus padres/ más allá de sus llantos y sus rezos;/ con esos hitos del deber, que siguen/ sin rendirse, plantados en sus puestos,/ jalones inmutables que no ceden,/ centinelas helados, esqueléticos/ que con su voz admonitoria gritan/

el mandato que surge de tu ejemplo./ Algún día pondremos a tus plantas/ el pabellón del agresor, deshecho/ y ha de ser tuya la victoria nuestra/ que por los siglos , velará tus restos”.

“Ese día vendrá: lo presentimos/ igual que lo soñaron los abuelos/ lo reclaman la sangre derramada/ y el honor de los bravos que cayeron. / Ese día vendrá, lo proclamamos/ con unción de terrible juramento/ los que en el alma conservamos viva/ la voluntad postrera de los muertos. / Voluntad que con túmulos jalona/ las imborrables rutas del regreso. / Fuerza moral que salvará las Islas/ con la ayuda divina del Eterno, / Guerrero de Malvinas que luchaste/ tras agotar el último resuello: / desde los más sagrado de su alma/ la Patria te lo jura: ¡Volveremos!”.

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