(Por Martin Cagliani para Página 12).- Hoy en día, la Patagonia es una región de estepa, árida. El gran culpable es ese inmenso bloque montañoso al que llamamos los Andes, que funciona como una barrera para la humedad proveniente del Océano Pacífico. Las lluvias caen en las laderas de la cordillera, formando valles repletos de bosques tupidos. Pero no siempre fue así, ya que los Andes son una cadena montañosa joven, hablando en términos geológicos. Su aspecto actual comenzó a formarse hace apenas unos 20 millones de años.

Si pudiésemos viajar en el tiempo hasta esa misma época para recorrer lo que hoy es la región neuquina entre Plaza Huincul y Zapala, no veríamos la aridez plana cortada por los pozos petroleros, sino valles excavados por ríos que desembocaban en pequeños lagos. Era una zona boscosa rica en especies vegetales y animales, entre las que se podían ver puercoespines, marsupiales y primates.

ANDES CORTAMAMBO
Justamente gracias a que la Cordillera de los Andes estaba en plena formación, había mucha actividad volcánica, con lluvias frecuentes de ceniza. Algo que visto desde la actualidad resulta de suma importancia para los paleontólogos, ya que las cenizas facilitan el proceso de fosilización de plantas y animales al sepultarlos más rápido, evitando su descomposición total. Así es que entre 2003 y 2008, Alejandro Kramarz, Marcelo Tejedor y otros colegas pudieron descubrir infinidad de dientes, y fragmentos de mandíbulas de diversas especies, entre las cuales se destacan unos pequeños dientes que correspondían a unos de los primates más antiguos de América del Sur.

Kramarz y Tejedor, del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y del Centro Nacional Patagónico, respectivamente, publicaron un artículo, junto con otros colegas, con las conclusiones del estudio de los dientes fósiles en el Journal of Human Evolution. Lo más interesante es que los dientes vienen a llenar un vacío de fósiles de esa época, a la vez que se convierten en los fósiles de primates más antiguos de la Patagonia.

En tiempos de estos primates, también vivían en la zona pequeños marsupiales, diversos roedores como los armadillos, y gran cantidad de especies de ungulados, como el inmenso toxodonte, que podía tener casi tres metros de largo, o los gigantescos astrapoterios, que tenían el tamaño de un rinoceronte actual. Todos estos animales, junto con los primates patagónicos, se extinguieron hace unos 14 millones de años por los cambios climáticos que acarreó el ascenso de los Andes, la segunda cordillera más alta del mundo.

Lo que descubrieron los científicos argentinos son dos dientes aislados que pertenecerían a primates del grupo de los platirrinos. Si bien nosotros también pertenecemos al orden de los primates, así como los chimpancés y los gorilas, formamos parte de un grupo diferente, el de los catarrinos, que son los simios africanos y asiáticos. Sin embargo, en América, los primates siguieron un camino evolutivo diferente que terminó en los platirrinos actuales, que se caracterizan por tener rostros chatos y colas largas que usan para colgarse de las ramas. Hoy en día viven en las zonas tropicales, densas en vegetación, como la Amazonia y América Central.

DIENTES RELATORES
¿Cómo puede un paleontólogo reconocer en dos dientes a un ancestro de estos monitos como el tití? Alejandro Kramarz nos responde que “en general las muelas de los primates son dientes cuadrangulares con varios conos o cúspides anchas y bajas, algunas unidas por delicadas crestas de esmalte. Si bien son fácilmente diferenciables de los dientes de la mayoría de los restantes mamíferos, en ciertos casos son difíciles de diferenciar de los dientes de algunos marsupiales fósiles”.

Si bien en las excavaciones, allí mismo en el campo, se puede identificar a qué género o grupo puede pertenecer un fósil, por más pequeño que sea, es en el laboratorio donde el trabajo se certifica. Hace falta la comparación bajo el microscopio con otros fósiles y algunos huesos o dientes actuales. Los dientes, por ser una de las partes del cuerpo de los mamíferos que más fácil pueden fosilizarse, son los que más aparecen en las excavaciones. Pero lo interesante es que resultan sumamente informativos, ya que no sólo permiten identificar especies, sino también conocer sus hábitos alimentarios, dónde nacieron y dónde murieron, si sufrieron enfermedades, qué edad tenían al morir y gran cantidad de detalles más.

Según nos cuenta Kramarz, todavía no han logrado identificar a qué especie pertenecen esos dos dientes, ni tampoco si es una desconocida hasta la fecha, pero son muy parecidos a los de “otros primates fósiles ya conocidos para rocas algo más modernas en Santa Cruz, como el Homunculus. Sin embargo, los restos que recuperamos hasta ahora son demasiado fragmentarios y no permiten una identificación taxonómica precisa”.

En lo que hoy es Argentina, vivieron muchas especies de primates platirrinos. Hasta la fecha se han identificado doce especies fósiles, todas de la Patagonia. Vivían en un clima parecido al que actualmente prefieren los tití o el mono araña, pero con la continua elevación de los Andes la región sufrió un proceso de desertificación que terminó por extinguir a casi toda la fauna que pululaba por los extensos bosques y selvas patagónicas hace unos 14 millones de años.-

TOMADO DE LA PUBLICACIÓN DE «PÁGINA 12»

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